30 de noviembre de 2005

Un hecho de gravedad histórica

De Jorge Oviedo en La Nación
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Un hecho de gravedad histórica

Hay algo peor que el hecho de que un gobierno elija tomar las medidas equivocadas: que las aplique con instrumentos equivocados. El Presidente que hace una bandera de la reconstrucción del Estado parecería estar privatizando la pésima política del control de precios, entregándola a paraestatales que viven del gasto público de manera poco transparente.

Es decepcionante ver que veinte años de ejercicio ininterrumpido de los derechos ciudadanos no alcanzan para evitar a la sociedad incurrir en estos errores.

El Gobierno, que tiene control de las dos cámaras, que ha logrado que se integren a la Corte Suprema de nueve cuatro miembros por él propuestos, no elige disponer el control de precios por ley, no manda inspectores a controlarlos ni denuncia ante la Justicia a quienes no cumplan esas normas. Parece preferir que sus piqueteros practiquen los "aprietes" contra una cadena de supermercados.

El historiador Roberto Cortés Conde señala que es insólito que en la Argentina se use una suerte de movilización popular para controlar los precios. "Ni siquiera Perón se atrevió a tanto", dijo a LA NACION el profesor emérito de la Universidad de San Andrés, que ayer presentó en el Museo Mitre su último libro: "La economía política de la Argentina en el siglo XX".

Cortés Conde recordó que la Argentina tuvo una ley de abastecimiento en 1939. "Fue sancionada por el Congreso, que reconoció que sólo en la emergencia causada por la Segunda Guerra Mundial se podía aplicar, porque si no, era inconstitucional."

Pero el historiador recuerda que "en 1946 se decidió ampliarla y darle muchos más poderes a la Secretaría de Comercio, pero Perón la aplicó mandando inspectores y a la policía. Amenazó muchas veces con milicias obreras, pero nunca las utilizó".

El gobierno de Isabel Perón aplicó también una ley de abastecimiento, pero también lo hizo con mecanismos formales estatales.

"No hay antecedente de que se pretenda controlar los precios con movilizaciones populares, eso es propio de los totalitarismos", señaló Cortés Conde.

El detalle de que el Presidente apele al poder de los intendentes para controlar los precios no es menor. El ahora kirchnerista a ultranza Miguel Bonasso investigó y publicó mucho sobre las supuestas complicidades de los jefes comunales del conurbano en los saqueos que empujaron a Fernando de la Rúa fuera del poder. A sus grupos de choque se responsabiliza también de haber sacado por la fuerza de la plaza del Congreso a los militantes de izquierda que fueron a rechazar la asunción de Eduardo Duhalde a la Presidencia.

"¿Será que Kirchner quiere instalar un estado de amenaza sobre quienes se atrevan a poner precios que a él no le parezcan bien?", se preguntaban ayer algunos empresarios.

Más allá de las especulaciones y sospechas, es un hecho que en la Argentina los saqueos han existido y se han repetido recientemente y que, tal vez por casualidad, fueron funcionales a los intereses del peronismo.

Muchos empresarios y analistas deslizaban el lunes en estricta reserva que temían hechos como éstos a partir de la expulsión de Roberto Lavagna del gabinete nacional.

Hasta el consultor Aldo Abram, férreo opositor a casi toda la concepción económica del despedido ministro, reconoce que Lavagna no avalaba esta clase de instrumentos para hacer política económica.

"Esto de instalar una suerte de movilización popular para hacer política sólo se da aquí y en Venezuela", explicó Cortés Conde.

Con Lavagna, el gabinete parece haber perdido una voz de mesura y equilibrio, aunque se defendieran posiciones con firmeza, reconocen quienes se le han enfrentado no por las formas, sino por el fondo de la política económica. Esas mismas personas desacuerdan ahora con fondo y forma.

Cortés Conde cree que el recuerdo de amplios sectores de la sociedad conservan de los sufrimientos causados por cuatro años de recesión le otorgan al Gobierno un amplio margen de acción. "Menem llegó hasta 1999 con cierto respaldo porque la gente recordaba la hiperinflación y ganó la elección De la Rúa, que proponía seguir con la convertibilidad", recuerda el historiador y subraya que el temor a la recesión puede ser mayor que el que causa la inflación.

Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION

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