29 de octubre de 2006

Culto tribal

Los restos del general
por James Neilson
Revista Noticias
Haciendo gala del egocentrismo que es típico de un político exitoso, Kirchner dio por descontado que lo que realmente querían los muchachos semidesnudos que rindieron homenaje al general celebrando una batalla territorial en la quinta de San Vicente era perjudicarlo a él.

Hace décadas el peronismo dejó de ser un movimiento político en el sentido habitual de la palabra para convertirse en algo afín a un culto tribal o, como afirman los adeptos cuanto tratan de definirlo, "un sentimiento".

Como fenómeno político, el peronismo siempre fue un cambalache. Sigue siendo uno. Calificar a alguien de peronista no nos dice nada acerca de sus opiniones políticas: podría ser un nazi, un fascista, una especie de marxista, un demócrata, un totalitario, un reaccionario, un progresista, un neoliberal, un estatista o cualquier combinación concebible de dichas alternativas.

La heterogeneidad extrema que es el rasgo más llamativo del movimiento que fue formado por Perón cuando era el ministro de Trabajo de una dictadura militar filonazi aseguró que andando el tiempo degeneraría en una depositaria de todos los vicios políticos.

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