24 de febrero de 2007

La gallina de los huevos de oro...

...o el pingüino de los huevos de plomo.

Cómo promover inversiones

En un esfuerzo para que se incremente la inversión extranjera directa, el gobierno nacional ha creado el Consejo Nacional de Inversiones. Lo presidirá la ministra de Economía, pero su conducción ejecutiva estará a cargo de la licenciada Beatriz Nofal, ex diputada y funcionaria de reconocido prestigio, quien es, a su vez, titular de la Agencia Nacional de Inversiones y Desarrollo. La iniciativa es loable, en particular si se observa que las cifras finales de inversión directa extranjera de 2006 muestran una importante reducción respecto de las del año precedente.

La preocupación por la caída en el nivel de la inversión directa extranjera se justifica doblemente si se tiene en cuenta que el resto de los países de la región vieron, en el mismo período, crecer el flujo de inversiones provenientes del exterior. Hoy la Argentina es claramente superada por varios países, entre ellos Chile, que una década atrás recibían un monto sustancialmente más reducido de inversiones directas.

La tarea de convencer a potenciales inversores que la licenciada Nofal llevará a cabo no deberá, sin embargo, limitarse a un discurso meramente voluntarista y a la exposición de datos estadísticos de la economía argentina. La inversión directa en proyectos productivos requiere plazos largos de recuperación y está sometida a riesgos más altos y complejos de los que enfrentan los flujos de capital financieros o de corto plazo.

Quien viene a radicarse o a agrandar su capacidad productiva analiza las tendencias que emergen de un pasado más extenso y, naturalmente, tiene en cuenta cuestiones institucionales y políticas más profundas. Cobran importancia, entre otros, la estabilidad monetaria, el respeto al derecho de propiedad, la independencia y eficacia de la Justicia, la seguridad individual, la permanencia de las reglas impositivas, la honestidad en los manejos públicos y privados. Por más esfuerzo que realice el nuevo Consejo, no habrá avances si no se respalda esa tarea con acciones y cambios concretos en la gestión del gobierno en su conjunto.

La extraordinaria quita lograda en la reestructuración de la deuda pública en default pudo considerarse un éxito que mucho ha contribuido a aliviar y revertir la insolvencia fiscal y el peso de los pagos externos, pero ha tenido la contrapartida de deteriorar aún más el concepto sobre el gobierno argentino a la hora de cumplir con sus obligaciones frente al resto del mundo. La subsistencia de casi una cuarta parte de los acreedores en situación de default, por no haber aceptado la oferta de canje, es un hecho que a la hora de tener que convocar inversiones directas pesa sobremanera. Un efecto similar se advierte por la cantidad de juicios entablados en el Ciadi y otros tribunales del exterior contra el gobierno argentino, por incumplimientos contractuales en concesiones de servicios y en otras regulaciones. También pesa la falta de arreglo de las deudas impagas con otros gobiernos en el marco del Club de París. De ahora en adelante, estas situaciones deberían normalizarse gradualmente, con la defensa de los intereses del país, desde ya, pero con la inclusión, dentro de este propósito, de una visión más equilibrada y de más largo plazo.

La fuerte recuperación económica de los últimos cuatro años debe transformarse ahora en un crecimiento sólidamente sustentado en inversiones y en aportes de tecnología. La actividad productiva está encontrando límites de su expansión debido a la falta de capacidad y de competitividad. El tipo de confianza que ahora se requiere es de otro grado y profundidad. El modelo de tipo de cambio alto, crecimiento del gasto público y política monetaria laxa fue muy útil para expandir fuertemente la demanda en el marco de una alta capacidad ociosa y desempleo. Las presiones inflacionarias y el fuerte crecimiento de las importaciones han puesto ahora en evidencia que este tipo de expansión dejará de ser posible si no se incrementan las inversiones en la industria y la infraestructura. En esta carencia radica una de las causas estructurales de la inflación que estamos padeciendo. De intentar combatirse mediante controles de precios y manipulación de los índices, no se logrará más que potenciar las consecuencias y deteriorar la confianza.

El mejor apoyo que se puede dar al Consejo Nacional de Inversiones es actuar cuanto antes para subsanar estas debilidades. Habrá además que mejorar la calidad institucional y el manejo de la política exterior. Deberá asegurarse la división y el respeto entre poderes mejorando en particular la independencia y la eficiencia de la Justicia. Deberá combatirse la corrupción con eficacia y sin falsas apelaciones de evidente hipocresía. Debemos ser conscientes de que el mundo no sólo observa, sino que también registra y mide estos defectos y virtudes.

La Argentina ocupa un lugar decepcionante en los ordenamientos internacionales por competitividad y por grado de corrupción. Guardamos la esperanza de que la acción del nuevo Consejo sea positiva y ayude a convencer a nuestros gobernantes y ciudadanos de que para atraer inversiones es fundamental trabajar sobre nosotros mismos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Las inversiones vienen aliándose con Chavez...

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