10 de abril de 2007

La tiza manchada.

Editorial del Herald sobre la muerte del profesor de química:
Tributo dudoso

Es cierto que la muerte une a toda la humanidad en un destino común, pero también es cierto que hay más de una manera de recordar una vida, y las interrupciones de ayer a la educación, el transporte, la actividad bancaria, la labor judicial y el funcionamiento de otros servicios resultaron un tributo dudoso a Carlos Fuentealba, el docente neuquino asesinado. La víctima de una granada de gas lacrimógeno lanzada por la policía era un profesor de ciencias por vocación que dedicó la última parte de su vida a utilizar tácticas piqueteras en la lucha por mejorar el salario docente. La mejor manera de recordar al profesor de ciencias habría sido continuar con la urgente tarea de educar a la Argentina a toda costa. El paro nacional de docentes y las interrupciones del transporte a mediodía, reivindicaron, en cambio, los principios piqueteros de impedir el ejercicio de derechos de la mayoría tales como la libertad de movimiento hacia el trabajo y la educación, en nombre de la protesta social. En todo caso, ¿qué relación hay entre el descontento de los docentes neuquinos y dos horas sin subtes en esta capital, o cuatro horas de transporte subterráneo gratuito?
Convertir la muerte de Fuentealba en un tema candente de campaña también parece ser del peor gusto cuando hay innumerables motivos para sostener que los gestos de campaña fueron la causa de raíz de esta muerte con la misma certeza con la que se afirma que la brutalidad policíaca fue su instrumento inmediato. ¿Cómo se puede exonerar a la campaña electoral por la muerte de Fuentealba cuando ésta surgió de la determinación de un gobernador de Neuquén candidateado para la presidencia (Jorge Sobisch) de mostrarse ejecutivo frente a una crisis provocada por un ministro de Educación candidateado a jefe de gobierno de la Ciudad (Daniel Filmus) que buscaba mejorar su imagen con una suba abrupta del piso salarial docente sin consultar previamente a las provincias? Apuntar con el dedo a uno u otro político en busca de un chivo expiatorio sería simplista —ya se tratara de Sobisch o de Filmus (ya que la oferta del gobierno provincial de Neuquén, enriquecido por el petróleo, es de 1.150 pesos mientras que el nuevo piso salarial es de 1.040 pesos) o de la agrupación de centroderecha PRO por la alianza que sostuvo hasta ahora con Sobisch (ya que el colíder del PRO Ricardo López Murphy siempre rechazó al caudillo provincial)—, pero intentar conseguir votos a partir de esta tragedia hace que la política como un todo se convierta en algo repugnante.
En este contexto, el silencio del presidente Néstor Kirchner —quien por segunda vez en lo que va del mes no tuvo nada que decir (hasta anoche) frente a la muerte, después de su ausencia a la conmemoración de los muertos en la guerra de Malvinas a 25 años de su inicio, que a su vez evocó su falta de respuesta ante la tragedia de Cromañón a fines de 2004— parecía casi decoroso, pero la muerte de Fuentealba se ha vuelto tan políticamente cargada que la nación se merece un comentario más completo de su avasalladoramente dominante líder político que el repudio, anoche, de la violencia condimentado con comentarios crípticos contra los intereses del “establishment”.

2 comentarios:

Hipólito II, "el lopezmurphista" dijo...

Ante todo felicitaciones por el blog. López Murphy hace tres años que viene manifestando públicamnete que Jorge Sobisch tiene los mismos vicios institucionales que Kirchner y notorios problemas de gestión. Siempre mantuvo coherencia y nunca estuvo dispuesto a realizar una alianza con el gobernador neuquino. Pero debo admitir que las declaraciones de Macri me generaron una gran repulsión.

Sine Metu dijo...

Gracias

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