En cuanto a lo relevante del hecho, un aspecto sobresale del resto: la incapacidad del Estado para hacerse obedecer y la recusación de toda autoridad por parte de lo que, genéricamente, cabe llamar protesta social.
El segundo muerto de la administración Kirchner pronto será historia.
Lo que seguirá presente es el dilema de cómo ejercer el poder del Estado cuando colisionan dos derechos que, en una determinada encrucijada, terminan enfrentados aun cuando no resulten de suyo antagónicos.
Porque una manifestación de docentes, ambientalistas o piqueteros montada para reivindicar unos reclamos específicos nada tendría de particular ni de peligrosa si no se encontrase en el camino de los miles de ciudadanos que pretenden, en el mismo momento, llegar al destino que fuese por las calles o rutas repentinamente cortadas.
11 de abril de 2007
Quién le pone el cascabel al gato?
Del análisis político de Vicente Massot:
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3 comentarios:
Este problema hace tiempo me hace pensar en una hipotética situación:
El Señor .., digamos José, vuelve a su casa luego de una cacería llevando en el baúl del auto su escopeta debidamente registrada. Al llegar encuentra a su esposa sufriendo un ataque cardíaco. Por supuesto no espera dos días que llegue una ambulancia, sube a su mujer al auto y se dirige al hospital más cercano. En el camino se topa con un piquete efectuando un corte de calles por algún motivo más o menos pueril que le impide continuar su camino. ¿El Sr. José dejará que su mujer muera o se abrirá paso a los tiros?. No se que haría este supuesto personaje, pero SI se que yo NO condenaría a muerte a mi esposa.
Fernando R. Rodríguez
En los países exitosos, como Francia, Alemania o los Estados Unidos, o también en Chile y Brasil, el Estado ejerce el monopilo sobre la violencia legítima. En la Argentina pareciera ser que el que ejerce este derecho es un dictador, representante de la mano dura. La cuestión pasa por tener fuerzas de seguridad entrenadas y capacitadas para evitar "confundir un docente con un delincuente".
Cierto, pero ¿quién le hace entender al maestro que no debe violar la ley?
Es decir ¿quién le hace entender que a los delincuentes les puede pasar que la ley los ponga en su lugar?
Y no me refiero a matarlos de una granada de gas lacrimógeno en la cabeza, cosa que no creo que haya pasado muchas veces en el mundo, sino a que un maestro, una persona pacífica que a lo mejor por primera vez en su vida decide protestar por algo, debe tener en claro que una cosa es protestar, hacer una huelga o peticionar a las autoridades (todos derechos constitucionales) y otra es violar la ley.
No se puede violar la ley, y el estado, el gobierno, no debe permitir que se viole la ley.
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