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4 de julio de 2008

Estupidez

Este artículo nos ilumina un poco más sobre el tema de la estupidez:

Five defining characteristics of stupidity, it seems to me, are readily apparent.

First, is sheer ignorance: Ignorance of critical facts about important events in the news, and ignorance of how our government functions and who's in charge.

Second, is negligence: The disinclination to seek reliable sources of information about important news events.

Third, is wooden-headedness, as the historian Barbara Tuchman defined it: The inclination to believe what we want to believe regardless of the facts.

Fourth, is shortsightedness: The support of public policies that are mutually contradictory, or contrary to the country's long-term interests.

Fifth, and finally, is a broad category I call bone-headedness, for want of a better name: The susceptibility to meaningless phrases, stereotypes, irrational biases, and simplistic diagnoses and solutions that play on our hopes and fears.

La viveza, entre la inteligencia y la estupidez

La viveza, entre la inteligencia y la estupidez
Marco Denevi
La Nación, 23 de octubre de 1987

Frente a un problema concreto, la reacción mental del hombre inteligente es dinámica: buscará el camino de la solución, a menudo a través de exploraciones, de asedios desde distintos flancos, de razonamientos abandonados en un punto y recomenzados en otro, hasta encontrar la salida. En latín, salida se dice exítus, que los ingleses tradujeron por exit. La inteligencia conduce al éxito.

Ese mismo idioma, madre del nuestro, cuyo estudio hoy les parece superfluo a algunas autoridades universitarias, tiene un verbo, stupere, que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado y, en sentido traslaticio, mentalmente detenido como delante de un cartel que dijera stop.

De ahí deriva la palabra estúpido: hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de la jaula. Hablo siempre de lo que ocurre en la mente. Las dos únicas reacciones del estúpido serán o la resignación o la violencia, dos falsas salidas, dos fracasos.

Salvo casos patológicos, todos somos inteligentes respecto de un tipo de problemas y estúpidos respecto de otro tipo de problemas. Pero nuestra inteligencia y nuestra estupidez no dependen de nuestra moral. Hay inteligentes moralmente canallas y hay estúpidos moralmente intachables. Cuánto la inteligencia y la estupidez le deben a los genes y cuánto a la educación (digamos, a la gimnasia) es un asunto que dejaré de lado para que no me usurpe todo el espacio del que dispongo.

Pero no querría pasar por alto un dato: sin el auxilio del intelecto, esto es, de la capacidad para el análisis crítico del problema, y sin la posesión de conocimientos relacionados con ese problema y adquiridos por experiencia propia o por revelación ajena, la pura inteligencia no llegaría muy lejos en el camino del éxito. La estupidez, por más que acumule conocimientos, no sabe qué hacer con ellos. Y no es raro que un intelectual, ducho en el análisis crítico, sea incapaz de hallar soluciones.

Sabiduría

El desarrollo, en un mismo individuo, de la inteligencia, del intelecto y de los conocimientos bien puede llamarse sabiduría, si no en la acepción teísta que le dan las Escrituras, por lo menos como tributo humano susceptible de adquisición y de pérdida. Pero aunque no haya sabios in omni re scibile, y hasta Leonardo da Vinci falle en sus experimentaciones con los óleos y pigmentos de sus cuadros y Albert Einstein no acierte a ubicar el hotel donde se aloja, ambos merecen el título de sabios no menos que Plinio el Viejo, muerto, sin embargo, según Suetonio, a causa de una estúpida temeridad.

Con alguna frecuencia la realidad nos pone, de momento, mentalmente paralíticos. Es cuando decimos que estamos estupefactos, lo cual significa "estar hechos unos estúpidos". La inteligencia, si la tenemos, vendrá a rescatarnos de esa pasajera estupidez que, por no ser insalvable, se llama estupefacción. A propósito: alguna vez Solyenitzin escribió que la televisión nos sume en largos intervalos mentales de inmóvil estupor. ¿Dispondremos de la suficiente inteligencia como para no ser dañados por los poderes estupefacientes de la hogareña y diaria televisión?
Situada a mitad de camino, entre la inteligencia y la estupidez, la viveza comparte, con la inteligencia, el dinamismo mental y, con la estupidez, la incapacidad para encontrar la solución de un problema. Se mueve, pero no en la dirección de la salida. ¿Hacia dónde se dirige? Ese es su secreto, la fórmula que le permite ponerse a resguardo de la humillación y del desprestigio que sufre la estupidez.

La viveza, creo yo, es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolver el problema. El hombre dotado de viveza, el vivo, no ejercita la inteligencia sino un sucedáneo de la inteligencia, apto para entenderse con las consecuencias prácticas del problema, pero no con el problema mismo.

Dicho de otro modo, el vivo se mueve mentalmente en procura de cómo eludir los efectos del problema, de cómo (en la mejor de las hipótesis) volverlos beneficiosos para él o (en la peor) de cómo desviarlos en perjuicio de un tercero. La viveza, pues, necesariamente se conecta con la moral. Sin el concurso del egoísmo no se puede ser vivo. Y para echarle el fardo al prójimo sin que éste se resista es imprescindible cierto grado de inescrupulosidad y hace falta practicar algún género de fraude siquiera verbal.

Observado durante un corto plazo, el vivo da la impresión de haber obtenido éxito, de ser inteligente: se desplaza entre los problemas sin padecer las consecuencias o, mejor aún, sacándoles provecho. Como el flujo de los efectos no se interrumpe, el vivo no puede entregarse a los ocios y recesos de la viveza. De ahí que se lo suela calificar de "despierto". Aparenta una brillantez mental que engaña a las miradas superficiales. El inteligente, cuando está armando sus estrategias para atacar un problema, parece amodorrado y, en comparación con el vivo, un poco estúpido.

Cuanto más complejo sea el problema, más exigirá del inteligente paciencia y esfuerzo, más lo someterá al silencioso y tedioso análisis crítico y al constante repaso de los conocimientos. La viveza no puede permitirse esas demoras. Los efectos prácticos del problema no esperan mucho tiempo para hacerse sentir. De modo que el vivo está obligado a la rapidez y, consecuentemente, a la improvisación de sus métodos por lo general empíricos. Otra vez el inteligente, comparado con el vivo, parecerá lento y hasta torpe.

Si los efectos del problema, por su magnitud o por su complejidad, sobrepasan las posibilidades de la viveza para eludirlos, para aprovecharlos o para torcerlos hacia un costado, el vivo, por fin acorralado como un estúpido, no sucumbe ni a la resignación ni a la violencia, no confesará jamás su fracaso, no devolverá las armas que esconde en su mente: buscará algún chivo emisario a quien cargarle la culpa.

En todas las sociedades conviven los inteligentes, los estúpidos y los vivos según proporciones distintas para cada una de ellas. Para Borges no había ningún italiano ni ningún judío estúpidos. Exageraba, sin duda.

Pero ahora imaginemos (imaginemos, digo) un país ficticio donde, por razones genéticas o por razones históricas, los vivos estén en mayoría. Esbozaré la novela de lo que podría ocurrir en ese país imaginario.

Puesto que son mayoría, unos vivos ocupan el gobierno. Y otros vivos los eligen. Los vivos que los eligen, y por supuesto los estúpidos, incapaces de solucionar los problemas del país, los transferirán a los elegidos. Y los elegidos, como vivos que son, se dedicarán a lo suyo: ponerse a salvo de los efectos de los problemas, sacarles provecho o desviarlos hacia los demás, así sean vivos, estúpidos o inteligentes.

Durante un tiempo los estúpidos parpadearán de catatonia mental, los inteligentes se sentirán marginados y los vivos tratarán de imitar la viveza de los gobernantes. Mientras tanto, los problemas, sin resolver, se acumulan, se multiplican, se superponen.

Stop

Hasta que, fatal, llega el día en que los problemas forman una pared compacta con un cartel que dice stop. Y ahí la sociedad se detiene. Entonces los estúpidos, si no se resignan, se vuelven violentos. Los inteligentes toman su valija y huyen. Y los vivos corren de un efecto a otro efecto vendando aquí, remendando allá, emparchando más allá. Dejan los bofes en ese desesperado ir y venir por entre el caos de los efectos sin control. Y para disimular su impotencia recurren a los fantasmas de los chivos expiatorios y a un lenguaje esquizofrénico que, disociado de la realidad, seguirá pronunciando el discurso con que alguna vez embaucaron a la estupidez.

Estúpidos de brazos cruzados o de brazos armados, inteligentes en fuga, vivos parlanchines y desesperados: tal sería la imagen de ese país ficticio caido al pie del ominoso stop Para él no habría sino una salvación, un grito de guerra: ¡La inteligencia al poder! Salvo que todos los inteligentes hayan huido, hipótesis que no parece verosímil, la novela podría tener un final feliz.

©LA NACION

2 de julio de 2008

De Angeli es un ciudadano, no un político.


Este post del opinador sobre De Angeli disparó algunos comentarios míos que acá resumo.

En efecto, De Angeli no es muy distinto ideológicamente al gobierno.
Sin embargo, abre un camino.
Y tanto oficialismo cono oposición deberían hacer buena lectura de esta situación.
Pero fundamentalmente es la ciudadanía la que debe entender qué representa De Angeli.
De Angeli representa el derecho a resistencia del ciudadano frente al gobierno.
Ojalá no pierda en su patriada, porque sería un retroceso tremendo para la sociedad.
Cypher destaca que "Lo único que le molesta de las retenciones es que le toque pagarlas a él".
Y esa es, justamente la cuestión.
De Angeli es un socialista con plata ajena, como todos los socialistas.
Pero si todos nos diéramos cuenta que podemos protestar contra lo que nos toca pagar, no les va a quedar otra a los peronistas de turno (peronistas de todos los partidos - socialistas de todos los partidos) que bajar el gasto.
Ese es el mensaje (traducido) de Deangeli.
Es como cuando Llambias dijo "No está en discusión el destino de los fondos, lo que discutimos es el origen, que proviene de retenciones confiscatorias".
Si no hay dinero, no hay destino de ese dinero.
Es así de simple
Y así de difícil lograrlo.
Pero no imposible.
En el fondo no queremos ser gobernados por De Angelis, queremos parecernos más a él a la hora de hacer valer nuestros derechos frente al gobierno.

13 de julio de 2007

Apuntes

Ideas sueltas de la conferencia del rabino Bergman.

Habitante Territorio Mapa Habitación
Ciudadano Contrato Constitución Institución

País como condominio. Consorcio. Hay que sacrificar el valioso tiempo de lo privado para auditar las cuentas.

Instrucción cívica, Formación Cívica, Formación ética y ciudadana (o como se llame): Todos nos fuimos a Marzo!!!

Si necesito demostrar idoneidad para manejar (licencia de conductor), ¿por qué no se pide idoneidad ciudadana cuando nos emiten el DNI? Estamos en el límite de lo peligroso.

Voto obligatorio: perversión del sistema, esclavitud electoral.

Marketing político: Consumimos candidatos. No elegimos a nuestros representantes por sus ideas. Los elegimos como productos.

Yo no lo voté. Consumido el producto, se autodestruye, se descarta.

No participamos en la inducción de la selección y elección de candidatos.

No vemos a la política como un insumo de transformación superadora. Somos adictos al consumo de políticos.

Si fueras a postularte como candidato a ciudadano, ¿cuál sería tu plataforma para el próximo período electoral? ¿Qué mandato individual estarías dispuesto a otorgarte?

No tenemos formación en valores.

Lo que nos pasa es lo que toleramos y permitimos. Lamentablemente no nos importa.

Nos falta utopía, militancia, participación. Nuestros jóvenes son jóvenes viejos.

Hemos cometido el delito de abandono de la república. (Igual que como si hubiéramos hecho abandono de persona luego de un accidente).

Al que se pone por encima de la ley hay que ponerlo en su lugar.

Esto no es de Bergman pero lo escribí en las notas mientras lo escuchaba:
Tampoco es mío. Lo leí en TCS, creo que es de Arnold Kling.

Ser ciudadano es confiar en las instituciones.
No tiene nada que ver con confiar en las personas que ocupan los cargos.
Tampoco en confiar en la infalibilidad de los votantes.

El libro se llama "Manifiesto Cívico Argentino - Virtudes Ciudadanas". (Alguna vez me gustaría armar un manual del ciudadano. Un folleto de no más de 50 páginas que sirviera para aprobar el examen de idoneidad ciudadana.)

En algún lugar, nosotros le damos de comer a todo lo que no nos gusta.

23 de febrero de 2007

Ser Ciudadano

Una reflexión recibida por mail:
ESTADO Y CIUDADANOS

En las tribus primitivas, se nombraba un jefe, generalmente el mejor guerrero, con la responsabilidad de conducir la defensa de la tribu, en la que jugaban su vida todos los que portaban armas. Escuchaba el consejo de los mayores. El crecimiento poblacional determinó que el jefe fuera ampliando sus funciones, para dirimir los conflictos entre sus miembros y atender las urgencias de la población, en un proceso de miles de años.

El jefe se convirtió en el gobernante, con derecho a decidir sobre los bienes de las personas, su vida y la de su familia. Aparecieron los faraones, los sátrapas, los emperadores y monarcas absolutos, los príncipes, los zares y los dictadores constitucionales o de facto, que tienen denominadores comunes: el maltrato de los ciudadanos, la defensa de su poder absoluto, la organización de una burocracia servil e ineficiente, la corrupción y el desprecio de las leyes y cultura ciudadana.

Se propaga el proceso con la expansión de los Estados en el siglo XIX y llega hasta el siglo XXI.

La historia del ser humano es la lucha por su libertad individual para alcanzar los objetivos que lo impulsan en la vida. Conseguirla requiere enfrentar a los gobernantes que se lo impiden.

23/2/07

Dr. Marcelo J. Castro Corbat

18 de febrero de 2007

Qué leer

El Halcón de BlogBis nos refiere en un artículo citado a Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, y a 1984, de George Orwell.
-¿Existe el pasado concretamente, en el espacio? ¿Hay algún sitio en alguna parte, hay un mundo de objetos sólidos en el que el pasado siga acaeciendo?
-No.
-Entonces, ¿dónde existe el pasado?
-En los documentos. Está escrito.
-En los documentos. Y, ¿dónde más?
-En la mente. En la memoria de los hombres.
-En la memoria. Muy bien. Pues nosotros, el Partido, controlamos todos los documentos y controlamos todas las memorias. De manera que controlamos el pasado, ¿no es así?
George Orwell (1984)

Cien repeticiones tres noches por semana durante cuatro años -pensó Bernard Marx, que era especialista en hipnopedia-. Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones crean una verdad. ¡Idiotas!
Aldous Huxley (Un mundo Feliz)
En un comentario a su post se me ocurrió plantear que esos libros deberían ser de lectura obligatoria en las escuelas argentinas como parte de la formación ciudadana de nuestros alumnos.

Libros que se me ocurre debieran ser de lectura obligatoria:
  • 1984, de George Orwell
  • Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley
  • Anthem, de Ayn Rand
  • Camino de Servidumbre, de Friederich Hayek
  • Diálogos en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de Maurice Joly
  • Bases, de Juan Bautista Alberdi
  • Sistema Económico y Rentístico, de Juan Bautista Alberdi
  • La Omnipotencia del Estado es la Negación de la Libertad Individual, Juan Bautista Alberdi
¿Qué otros libros recomendarías a un adolescente para transmitirle la importancia del rol de ciudadano en la vida del país?
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