James Neilson pone los diéresis sobre las úes.
Donde mandan los pingüinos.
Hasta que la biología diga basta.
Nadie consultó al Partido Justicialista o, que se sepa, la entelequia que se llama el Frente para la Victoria, si le parecía bien que Cristina de Kirchner fuera la candidata presidencial del oficialismo.
Puede entenderse, pues, la perplejidad que ha motivado en el exterior un procedimiento que acaso sea apropiado para un exótico reino oriental pero que es inédito en un país de Occidente.
Pocos creen saber lo que (Cristina Fernández de Kirchner) piensa acerca de los grandes problemas del país, de ahí la especulación acerca de lo que podría hacer una vez en el poder.
Felizmente para Cristina, la oposición está tan fragmentada y sus rivales parecen ser tan débiles que tal vez no le resultará preciso emprender una campaña proselitista vigorosa del tipo que en otras latitudes suelen darse antes de celebrarse elecciones presidenciales.
¿Se animará a participar en debates públicos con tales personas? Es poco probable, ya que los beneficios que le reportaría una actuación exitosa serían magros pero los costos de una desafortunada podrían serle fatales.
En el transcurso de sus más de cuatro años en el poder, Néstor Kirchner se las ha arreglado para crearse una cantidad descomunal de enemigos que están aguardando con impaciencia una oportunidad para contraatacar.
De resultar tan tremendas como muchos prevén las próximas embestidas de la crisis energética, la campaña electoral podría culminar en medio de apagones, cortes de gas, cacerolazos, protestas ruidosas de automovilistas en reclamo de combustible, el desempleo en aumento y paros salvajes que por cierto no contribuirían a dar más lustre a la imagen de la pareja gobernante.
En un país menos permisivo en este ámbito que la Argentina, el hallazgo de una cantidad abultada de dinero en monedas extranjeras en el baño de una ministra de Economía hubiera hecho tambalear al gobierno mismo, pero Kirchner parece creerlo un episodio de importancia tan escasa que ni siquiera exigió la renuncia inmediata de la persona involucrada, Felisa Miceli, cometiendo así un error que podría hacer naufragar el "proyecto" de alternar con Cristina en la Casa Rosada hasta que la biología diga basta.
Hasta que la biología diga basta.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario