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1 de julio de 2008

El paraíso perdido

Frondosa vegetación,
esplendorosos jardines,
alfombras de macachines
y plantas en floración.
Puso la sacra mansión
nuestro Señor con gran tino,
pero de puro jodón
la pobló con argentinos.

No obstante tal estropicio
el asunto anduvo andando
bastante bien en su inicio.
De a poquito y trabajando
la gente iba prosperando,
y trabajando vivía,
a los demás respetando
como correspondía.

Pero Satán no podía
tolerar tanta armonía
y en su cueva discurría
sobre el método preciso
de serrucharles el piso
a Dios y su Paraíso.

Tanto y tanto caviló
su mente febril y astuta,
que descubrió - hijo de puta -
la correcta solución:
Les mandó desde el infierno
para que fuese gobierno
a Juan Domingo Perón.

Este era un diablo pintón,
dicharachero y goloso,
campeón de los mentirosos
y audaz hasta la raíz.
Mozo jinetazo ahijuna
capaz de robarse un país
y de venderlo en la luna.

De entrada nomás armó
al son de matraca y bombo
un mayúsculo quilombo.
A lo loco discursió
macaneando sin tapujos,
prometiendo mejorías,
comodidades y lujos
a las grandes mayorías.

Con ganas les predicó
una consigna increíble,
que había que trabajar,
pero lo menos posible,
y que su mayor función
era joder al patrón.
Luego que los convenció
sin freno siguió y siguió
mintiendo y chantapufeando
a los de arriba jodiendo,
a los de abajo engañando,
a los del medio fundiendo.
Odios al pedo creando
y a todo el mundo cagando.

Con el correr de los años,
ya choto y podrido en plata,
empezó a meter la pata
queriendo usar a la zurda
para mayor estropicio
mas se dio vuelta el papel
y la zurda lo usó a él
en su propio beneficio.

Satán entonces pensó
con su profunda sapiencia:
"Este huevón nos está
entregando sin conciencia
a nuestra peor competencia".
Y en plenario del Averno
decidió que lo llevaran
de vuelta para el infierno.

Así se fue del Paraíso
porque Lucifer lo quiso
dejándonos en herencia
en estado de demencia
gobernados por su viuda
junto con la horrible duda
de que si es más gil que bruta
o más boluda que puta.

Bajo ella, muy verticales,
multitudes de reptantes,
manyaorejas y maleantes
alcahuetes estatales
y coimeros a destajo
desempeñando funciones
de Ministro para abajo.

Legiones de guardaespaldas
y asesinos mercenarios
protegiendo a perdularios
gremialistas millonarios.
La moneda envilecida,
la moral emputecida,
la fe defraudada y rota
y el país hecho pelota.

Autor desconocido

MORALEJA

Quedó así el país convertido
en un paraje triste y corrompido
con un pueblo infeliz y sometido
a través del engaño y la falacia
al yugo de una hedionda mierdocracia.

Del bombo y las matracas al compás,
y ya que todos juntos somos más,
cantemos bajo el sol sin disimulo
que contentos votamos como el culo
entre analfas, grasitas y grasudos
más de siete millones de boludos.

27 de junio de 2008

Castillo de naipes

La implosión kirchnerista
James Neilson
(Río Negro)

Néstor Kirchner y su esposa Cristina están acostumbrados a ser obedecidos por la servidumbre.

Luego de doce años en los que manejaron Santa Cruz como si formara parte de su patrimonio familiar y cinco en que han gobernado la Argentina de la misma manera, sin sentirse obligados a modificar del todo el "estilo" hermético y prepotente que aprendieron en la provincia que aún dominan, no les es nada fácil entender lo que les convendría hacer en una situación como la actual.

Por primera vez, los Kirchner se encuentran frente a una coalición creciente -ya incluye a buena parte de la población del país - que no tiene intención alguna de dejarse intimidar por la irascibilidad que suelen emplear como un arma para silenciar a los díscolos.

No sólo se trata de "los oligarcas" del campo, de sus imprevistos aliados urbanos y de los opositores locuaces de siempre, sino también de muchos dirigentes peronistas que, alarmados por lo que está sucediendo, son reacios a ser carne de cañón en una batalla que creen perdida de antemano.

El cordobés José Manuel de la Sota y otros no disimulan su convicción de que los Kirchner los están llevando hacia un desastre y, como es lógico, no quieren quedar sepultados bajo los escombros.

La decisión de pedirle al Congreso dar un sello de aprobación democrático a las retenciones móviles fue acaso un acierto táctico por parte de Cristina, ya que sirvió para que el país se tranquilizara por un rato después de varias semanas de tensión en aumento, pero a menos que el bloque oficialista termine encolumnándose tras ella habrá sido un error estratégico.

Brindó a aquellos peronistas que sospechan que la gestión de la presidenta será un fracaso estrepitoso equiparable con los protagonizados por Isabel Perón o Fernando de la Rúa un pretexto inmejorable para romper con el Poder Ejecutivo.

Algunos ya han dicho que no ratificarán a libro cerrado el proyecto de ley sobre retenciones móviles por miedo a la eventual reacción enfurecida del electorado de los distritos que representan.

Otros se afirman contrarios a la iniciativa por motivos económicos o doctrinarios.

Y los hay que hablan de la necesidad de que el Congreso desempeñe un papel menos pasivo en la vida nacional.

Los nuevos disidentes aún constituyen una minoría en el bloque oficialista, pero pronto podrían conformar una mayoría.

Podrían porque los peronistas nunca se han destacado por su independencia de criterio: de difundirse la sensación de que el movimiento en su conjunto ha optado por alejarse de un caudillo cuyo ocaso le parece inminente, pocos pensarán en sacrificar su propio futuro en aras de su hipotética lealtad hacia una pareja cuyo momento de gloria ya pertenece al pasado.

Están habituados a abandonar a su suerte a caudillos en cuanto pierden la capacidad para garantizarles votos en cantidades suficientes.

Diez años atrás, Carlos Menem era tan popular y tan "hegemónico" como fueron los Kirchner hasta marzo, mientras que Eduardo Duhalde, dueño del presuntamente temible aparato bonaerense, vio evaporarse su poder cuando se hizo evidente que el electorado lo repudiaría.

Los Kirchner podrían ser las próximas víctimas de la "ingratitud" de sus partidarios coyunturales.

Todos los intentos recientes de los Kirchner por hacer sentir su autoridad han resultado contraproducentes.

Las soflamas ya rutinarias de Cristina y sus intentos de descalificar a los agricultores, acusándolos de ser mezquinos, antipatrióticos, golpistas y muchas cosas más, sólo provocan fastidio: muchos de los trasladados en micros fletados a Plaza de Mayo hace poco más de una semana la abandonaron en cuanto la presidenta comenzó su arenga.

En cuanto a los esfuerzos por impedir que otros ganen la calle, enviando pelotones de piqueteros y mercenarios rufianescos a lugares brevemente ocupados por amas de casa pertrechadas de cacerolas y transformando la Plaza de Congreso en un camping improvisado para que no la tomen los ruralistas, la impresión que dan difícilmente podría ser más patética.

Huelga decir que tales actividades no han servido para que los peronistas cierren filas en torno de la presidenta: saben tan bien como el que más que un gobierno que para sobrevivir depende de los aportes de personajes como Luis D'Elía, Guillermo Moreno y Hebe de Bonafini podría tener los días contados.

Desde hace muchos años, la Argentina ha visto alternar períodos signados por una sobredosis de poder presidencial y otros caracterizados por la debilidad presidencial en la que todo parece caerse a pedazos.

La implosión del kirchnerismo, pues, plantea a la clase política nacional un desafío que tal vez no esté en condiciones de superar.

Como sucedió antes del desplome del gobierno del presidente De la Rúa, está conformándose una liga de gobernadores, aún embrionaria, estimulada por la conciencia de que el conflicto entre los Kirchner y el campo supone un enfrentamiento entre el interior despojado y un centro voraz.

Pero por descollantes que fueran sus miembros, una liga de gobernadores no estaría en condiciones de administrar el país.

Para eso hace falta un gobierno central fuerte, con la autoridad precisa para tomar decisiones a veces antipáticas, razón por la que el santafesino Hermes Binner cree que la solución al embrollo en que el país se mete toda vez que un mandatario tiene en principio mucho poder, pero no cuenta con el respeto del grueso de la ciudadanía, consistiría en trasladar responsabilidades actualmente monopolizadas por el Poder Ejecutivo al Legislativo.

En principio, la propuesta es buena.

Un sistema en que el destino del país depende durante exactamente cuatro años de los prejuicios, los caprichos, el temperamento y la imagen de una sola persona es obviamente inferior a uno en el que las responsabilidades suelen repartirse entre varias personas que en caso de emergencia pueden dar un paso al costado sin que su relevo desate una crisis institucional tremenda.

El problema es que el cambio sistémico que Binner y otros tienen en mente no podría producirse sin desalojar antes a una presidenta que con toda seguridad se negaría a dejarse privar de sus poderes especiales.

Y aun cuando para asombro de muchos los Kirchner aceptaran colaborar con una reforma constitucional muy complicada en tal sentido, tendría que transcurrir mucho tiempo antes de que la ciudadanía se habituara a ser gobernada por un régimen parlamentario que, sería de prever, se asemejara mucho más al italiano que al británico o sueco.

6 de junio de 2008

Kirchner se atrinchera en el pasado

Poco queda del proyecto que tuvo en mente Néstor Kirchner cinco años atrás.

Murió hace tiempo el sueño de crear un nuevo partido progre que reemplazaría el viejo peronismo cuyas deficiencias le parecían patentes.

Consciente de su propia incapacidad y de la de su mujer para seducir a la clase media urbana, Kirchner sabe que depende del Pejota, que tanto despreciaba cuando se imaginó destinado a liderar una versión propia de aquel "tercer movimiento nacional" fantasioso, que tentó sucesivamente a militares como el entonces almirante Emilio Massera, ciertos seguidores de Raúl Alfonsín y, a su manera, Carlos Menem.

Todos aquellos entendían que el peronismo se había dispersado hasta tal punto que sólo representaba "un sentimiento" difuso, uno que, por motivos misteriosos, todavía cautivaba a millones de pobres que, pensándolo bien, constituían las víctimas más patéticas del movimiento que apoyaban con sus votos.

Fue por eso que luego del desastre inverosímil que protagonizaron los compañeros en la década de los setenta, una serie de hombres ambiciosos aspiró a formar un movimiento con la misma mística pero con ideas menos vagas y principios menos flexibles.

Todos fracasaron, acaso porque los peronistas saben que identificarse con un programa político determinado les sería suicida.

Desde su punto de vista, la ambigüedad es una ventaja porque les permite sumar mientras que las definiciones restarían.

Resulta maravillosamente fácil ser peronista.

No es necesario creer en las bondades de ninguna ideología específica o conjunto de doctrinas.

Basta con estar dispuesto a corear "¡Mi general, qué grande sos!" cuando la ocasión lo exige porque lo demás carece de importancia.

Uno puede ser derechista o izquierdista, autoritario o libertario, ortodoxo o heterodoxo en economía, un reaccionario rabioso o un biempensante progresista sin salir del redil o, como decía Juan Domingo Perón, sacar los pies del plato.

Como una asociación de ayuda mutua que, la ley de lemas tácita mediante, logra aferrarse al poder, el PJ sigue funcionando con eficacia notable, pero como un vehículo político no es nada confiable.

Por cierto, dista de ser un partido "normal".

El PJ será leal a Kirchner mientras le convenga.

Si los gobernadores, intendentes y legisladores sienten que la mayoría está harta de su beligerancia indiscriminada, lo abandonarán a su suerte sin derramar una sola lágrima, tal y como se lo hicieron a Menem y Eduardo Duhalde.

Al fin y al cabo, todos saben muy bien que no los respeta, que preferiría ser el jefe de una organización partidaria muy distinta del PJ, pero toleran su cinismo porque, a pesar de que sus acciones hayan bajado últimamente, todavía cuenta con la aprobación de una proporción significante de los consultados por los sondeadores de opinión.

Con todo, algunos dirigentes influyentes, entre ellos Carlos Reutemann y Juan Schiaretti, ya se han alejado de Kirchner y muchos otros seguirían sus pasos si su imagen se deslustrara tanto como la de la presidenta Cristina.

En un esfuerzo por reanimar a la tropa peronista, Kirchner trata de convencerla de que lo que estamos viendo es un remake de un drama de hace sesenta años cuando el peronismo aún embrionario se enfrentaba con la Unión Democrática, una alianza variopinta de radicales, conservadores, socialistas y comunistas.

La coalición coyuntural así supuesta estaba conformada por aliadófilos que disfrutaban del apoyo decidido, y sumamente torpe, de la embajada estadounidense.

Para los peronistas, la Unión Democrática encarnó el mal y de haber ganado hubiera empujado a la Argentina al medioevo pero, a juzgar por lo que sobrevino después, la realidad es que la victoria electoral de Perón en 1946 condenó al país a más de medio siglo de convulsiones insensatas con consecuencias nefastas para la gente que los peronistas querían privilegiar.

Puesto que hoy en día las presuntas verdades peronistas están compartidas por casi todos, a los líderes del campo no les gusta que Kirchner, la presidenta Cristina y otros voceros oficiales los comparen con personajes casi olvidados, y debidamente desprestigiados, como José Tamborini y Enrique Mosca, la dupla de la Unión Democrática que fue derrotada por el general.

Como tantos otros, se resisten a entender que la prolongada hegemonía peronista que se hizo sentir, incluso cuando gobernaban regímenes militares antiperonistas, está en la raíz del empobrecimiento de un país de perspectivas al parecer brillantes.

En 1946 era razonable prever que la Argentina seguiría liderando al resto de América Latina por un margen muy amplio, gozando de un ingreso per cápita varias veces superior a los del Brasil y Chile.

Sin embargo, merced en buena medida a la insistencia peronista en aferrarse a fórmulas anticuadas, en poco tiempo se las arregló para protagonizar lo que para muchos sería el fracaso colectivo menos explicable de la segunda mitad del siglo XX.

Para empezar, el triunfo de Perón le aseguró a la Argentina la hostilidad de Estados Unidos, que nunca perdonó al general su proximidad al eje nazifascista.

Aunque andando el tiempo Perón se daría cuenta de que el populismo despilfarrador y aislacionista, o sea, el "modelo" que piloteaba, estaba arruinando el país, sus intentos tardíos de reconciliarse con el orden encabezado por Washington fueron demasiado débiles como para frenar la decadencia nacional que, entre muchas otras cosas, acarreaba la depauperación progresiva de la clase obrera y de la franja más vulnerable de la clase media.

En 1946, el nivel de vida del grueso de los trabajadores argentinos se asemejaba al norteamericano.

Hoy en día, los ingresos de muchos son equiparables con los de sus homólogos en el norte de África.

Desgraciadamente para la Argentina, el caudillo más carismático de su historia llegó al poder como un opositor férreo de las tendencias que, en América del Norte, Europa occidental y el Japón posibilitaron las décadas de crecimiento económico y progreso social que los franceses llamaron "los treinta años gloriosos".

De haber optado por acompañar a los países occidentales, algunos de los cuales eran mucho más pobres que ella en 1946, en la actualidad la Argentina tendría más en común con Australia y Canadá que con Bolivia, aun cuando un hipotético gobierno surgido de la Unión Democrática hubiera resultado tan ineficaz como otros dominados por la UCR.

JAMES NEILSON

5 de mayo de 2008

Un instante en la patria de la felicidad

Para estos locos, eso es lo que representa el Pulqui: Un instante en la patria de la felicidad.
Yo digo: Basta de instantes! Para instantes de felicidad ya está la falopa.
Y ya sabemos que el estatismo, igual que la falopa, crea adicción.
No al estatismo.

13 de marzo de 2008

Cigarra vs. Hormiga

LA VERSION CLASICA

La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera
La cigarra tiritando, sin comida y sin cobijo, ……...
muere de frío


VERSION ARGENTINA

La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera
La cigarra tiritando, sin comida y sin cobijo, ……...
Organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y hambre.
La televisión organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades y a la vez muestran extractos del video de la hormiga bien calentita en su casa y con la mesa llena de comida.
Los argentinos se sorprenden de que en un país tan prospero como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra mientras hay otros que viven en la abundancia.
Las asociaciones contra la pobreza y DD.HH., se manifiestan delante de la casa de la hormiga.
TODOS PIDEN ¡ JUSTICIA !
Los periodistas organizan una serie de artículos en los que cuestionan como la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra e instan al gobierno a que aumente los impuestos de la hormiga de forma que estas puedan vivir mejor.
Respondiendo a las encuestas de opinión, el gobierno elabora una ley sobre la igualdad económica y una ley con carácter retroactivo, anti-discriminación.
Los impuestos del hormigero han aumentado y además se inicia una querella judicial porque la hormiga demandada no reconoce la prestación de servicios a la cigarra como ayudante en verano proveyendo de la música necesaria para incentivar al resto de las hormigas en las tareas de recolección, trabándole embargo preventivo sobre el acopia de mercaderías no declaradas.
Se amplía la demanda hacia la ART por la enfermedad profesional producida sobre las alas de la cigarra, basada en la responsabilidad de la hormiga, que mediante la deforestación en beneficio propio, alteró el ecosistema permitiendo que a causa de golpe de calor, produjera una incapacidad laboral del 85% de la total obrera de la cigarra
En la sustanciación de la querella, grupos piqueteros, logran contratar el asesoramiento de un oso hormiguero radicado en una zona carenciada vecina, quien abocado a la causa, hace que las hormigas citadas como testigos del demandando para negar la relación laboral y daños producidos, se presenten ante la Lechuza – Juez de la causa que mira hacia otro lado – retractándose de su declaración original, aduciendo haber sido presionados por la hormiga, siendo procesadas por falso testimonio con costas.
Se participa a la AFIP para certificar los aportes a la AFJP realizados por la hormiga, librándose el embargo de rigor.
Las autoridades embargan la casa de la hormiga, ya que esta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.
La hormiga se va de Argentina y se instala con éxito en Suiza.
Respondiendo a las encuestas de opinión, el gobierno elabora una ley sobre la igualdad económica y una ley con carácter retroactivo, anti-discriminación.
La televisión hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso, ya que se ha comido casi todo lo que había mucho antes de que llegue la primavera.
La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras y se deteriora al no hacer su inquilino nada para mantenerla en buen estado.
Al gobierno se le reprocha no poner los
medios necesarios.
Una comisión de investigación que costará 100 millones de Pesos se pone en marcha.
Entretanto la cigarra muere de una sobredosis, formándose un nuevo grupo piquetero” La Cigarra explotada”.
Los medios de comunicación comentan el fracaso de las áreas gobierno para intentar corregir la problemática de estas desigualdades sociales.
La casa es ocupada por una banda de arañas inmigrantes, exentos de impuestos por radicación nueva.
Finalmente el gobierno se felicita por la “diversidad cultural” y la igualdad de derechos “a todo aquél que quiera habitar el suelo Argentino” y la excelente tarea desarrollada por la Justicia.

FIN DE LA FABULA

31 de octubre de 2007

Salí al balcón


El balcón de Evita se prepara para recibir al nuevo gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner.

18 de octubre de 2007

17 de octubre de 2007

San Perón


Argentina
R.I.P.

"Donde hay una necesidad, hay un derecho"
Eva Perón

Esta frase es el origen de la perdición de la Argentina.
Es la filosofía de que el Estado debe asegurarse de no negar a una persona el derecho a ser capaz de obtener cualquier cosa que la persona desee, aunque no esté dispuesta a pagar por ello.
Es el fundamento de la Constitución del 49 y del Artículo 14 bis.
En otras palabras, para los peronsitas tener derecho a algo significa que bajo ciertas circunstancias se puede tener derecho a que otra gente pague por ello. Por lo tanto, si nadie está dispuesto a pagar, su derecho ha sido violado.
Esto es ridículo. Sin embargo es el meollo de la "justicia social" del peronismo.
Los derechos no implican obligaciones positivas, sino obligaciones negativas, es decir obligaciones de abstenerse de interferir contra ellos:
Derecho a no ser matado, a no ser censurado, a no ser robado, a no prohibirte la salida del país, a no ser detenido sin causa, a no prohibirte desarrollar una actividad lícita, etc.
Para ellos si, por ejemplo, alguien dice que tiene derecho a poseer un auto pero no puede pagarlo, el Estado debe quitarle dinero a otras personas para comprarle el auto al que no lo tiene. Debe forzar a otros a pagar.
Podemos concluir que es una flagrante contradicción suponer que para asegurar el derecho de unos sea necesario violar el derecho de otros.
Lo que la filosofía peronista dice es que la persona que no tiene recursos tiene más derecho que la persona que los tiene.
Esto es un absurdo.
Todos tenemos derecho a tener un auto, si entendemos por ello que tenemos el derecho a adquirir uno con el fruto de nuestro trabajo a través de un intercambio voluntario. (Por las dudas aclaremos que intercambio voluntario significa que tanto el comprador como el vendedor están de acuerdo en realizar la transacción.)
Un ladrón de autos no puede invocar ese derecho para justificar su actividad ilícita, y del mismo modo el deseo de alguien de tener un auto no garantiza que pueda forzar a otros a pagar por el mismo.
El Estado no puede, bajo ningún concepto, actuar contra la vida, la libertad o la propiedad de los individuos.
El Partido Justicialista es, ante todo, una máquina de violar derechos disfrazada de benevolente promotor de la justicia social, pero más grave aún, es el destructor de la moral de una nación que, acostumbrada a obtener gratuitamente lo que pedía, y sin ninguna contraprestación a cambio, terminó por quedarse sin nada.

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